Este 8 de marzo conmemoramos el “Día Internacional de la Mujer”, cuyo tema principal de este año es “Soy de la Generación Igualdad: Por los derechos de las mujeres”. Esta fecha es importante, pues se recuerdan las hazañas y el sacrificio de mujeres en su lucha por lograr el reconocimiento de sus derechos sociales y políticos. Además, se pone en debate y se reflexiona sobre la situación actual del mal llamado “sexo débil”, en un contexto donde aún no se logra la equidad de género.

Según el INEI, en el país hay un número similar de hombres y mujeres (16,300 mujeres y 16,400 hombres). Sin embargo, esta aparente equidad no se evidencia en elementos importantes para el desarrollo de la mujer como sus derechos, inclusión y empoderamiento. Es preocupante que a 45 años de que las Naciones Unidas instauró esta celebración en 1975, no podamos decir que en el Perú las mujeres son tratadas con igualdad.

Es innegable también que existe una creciente preocupación por la igualdad de género que viene siendo cuantificado por el Índice de Desigualdad de Género desarrollado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Este indicador busca medir las desventajas que afrontan las mujeres, de tal manera que se pueda visibilizar esta problemática e impulsar medidas para disminuir la brecha de desigualdad en los gobiernos y otros organismos.

El Índice de Desigualdad de Género mide la salud reproductiva, el empoderamiento y el mercado laboral, y se calcula del 0 al 1, donde 0 significa que no hay desigualdad y 1 que hay desigualdad completa. En el país, el índice de desigualdad es de un valor de 0.381, lo cual nos coloca en puesto 87 de 162 países analizados en el 2019. Esto, sumado a algunas cifras que a continuación veremos, demuestra un panorama no tan optimista.

Algunas cifras alarmantes


  • Históricamente, la mujer ha tenido amplia desventaja en participación política. En el 2016, el número de mujeres en los gabinetes peruanos era de una 26,3% frente al 73,7% de varones. No obstante, este año esta cifra ha cambiado positivamente ya que el actual consejo de ministros tiene una participación mucho más equitativa.
  • De otro lado, la autonomía económica se logra a partir del empleo remunerado. De acuerdo a los datos del INEI en el 2019, un 36,3% de las mujeres peruanas contaban con empleo, al igual que el 63,7% de hombres. Es preciso resaltar que las cifras de desempleo siguen siendo significativas, pues 7,9% de mujeres no tienen empleo, dado que el trabajo doméstico que asumen las mujeres (mayoritariamente), es un rol no reconocido económicamente.
  • En cuanto al acceso a educación, la misma fuente informó que durante el 2018 el analfabetismo afectó al 8.3% de las peruanas mayores de 15 años; en comparación con un 2.9% de varones afectados. Y si de población adulta se trata, la brecha se incrementa aún más pues en el país, alrededor de una tercera parte de las mujeres adultas mayores son analfabetas; mientras que, en los varones adultos mayores, la tasa de analfabetismo alcanza el 9,1%.
  • En estos últimos años, la lucha frontal por los derechos y el respeto de la mujer ha ido en incremento, esto en estrecho diálogo con la creación de organizaciones y colectivos feministas. De acuerdo al informe realizado también por el INEI sobre indicadores de violencia familiar y sexual entre 2012-2019, se reportó que el 63,2% de las mujeres de 15 a 49 años de edad sufrieron algún tipo de violencia en algún momento de su vida por el esposo o pareja. Los departamentos que presentan mayor índice de violencia son Apurímac (82,7%), Cusco (80,6%), Puno (79,1,9%) y Huancavelica (76,9%).

Estas cifras indican un lento avance en igualdad de género, sin embargo, no son del todo claras, pues hay gran cantidad de casos que no son denunciados o que por falta de acceso o información no se conocen. Estas cifras, además, no consideran a las mujeres en condición de transexuales. Si las cifras respondieran a todos estos casos obviados, la brecha de desigualdad se incrementaría.

Esta fecha debe servir para cuestionar el tipo de sistema en el que vivimos, uno donde los estereotipos aún están muy presentes asignando roles, funciones y gustos en base al género. Un mundo que no logra evitar excluir a la mujer del ambiente laboral, asignándole un menor sueldo o dándole menor acceso a la educación, aun sabiendo que el ejercicio de su libertad aumenta si cuenta con mayor nivel de instrucción. Un mundo que justifica la violencia y que ante un caso de maltrato en la vía pública invisibiliza el crimen.

Es importante que ante este contexto se genere un cambio de pensamiento en mujeres y hombres. Dejar de ver a la mujer como sexo débil o víctima y al varón como violento y culpable de esta situación. Esta mirada naturalizada solo favorecerá la desigualdad, cuando lo que se debe buscar, ante todo, es una sociedad donde el género no sea motivo de discriminación o violencia.

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