Las Elecciones Generales en Perú, programadas para el 12 de abril de 2026, se desarrollan en un contexto de dinámicas políticas complejas y desconfianza ciudadana, tras años de inestabilidad institucional y constante renovación de la clase política. Este clima electoral, marcado por un récord histórico de candidaturas presidenciales y pluralidad de partidos, plantea preguntas centrales sobre la calidad del debate político, la responsabilidad ética en las campañas y la sostenibilidad de las propuestas públicas en un país con profundas brechas sociales y económicas.
En este escenario, el marketero político no es un actor accesorio. Es un arquitecto de narrativa, percepción y movilización. Pero también, y aquí radica el desafío ético, puede ser un garante de calidad democrática o un amplificador de distorsiones. Su rol trasciende lo técnico para adentrarse en lo ético, pedagógico y transformador.

El escenario de trabajo para el marketero político
El primer rol del marketero político no es “vender un candidato”, sino traducir propuestas complejas en mensajes comprensibles y verificables. En un sistema con múltiples organizaciones políticas habilitadas, según ONPE, la sobreoferta de mensajes genera ruido, por lo tanto, el marketero político debe: Simplificar sin trivializar, priorizar sin manipular y diferenciar sin desinformar.
En un escenario donde el 64.8% de los jóvenes de la Generación Z afirma que no votaría por ningún candidato, la coherencia se convierte en el activo más valioso. El rol del marketero aquí es el de guardián de la consistencia entre lo que se dice, lo que se hace y lo que se es.

El marketing político como instrumento de educación cívica
Aquí llegamos a un rol que pocas veces se menciona en los manuales tradicionales y crucial en el Perú de 2026: el marketero político como educador cívico. La fragmentación del sistema de partidos, la desconfianza institucional y el desconocimiento sobre el nuevo modelo bicameral convierten a la comunicación política en una herramienta pedagógica de primera línea. Donde el marketero político decide qué tipo de cultura política refuerza con cada pieza, cada slogan y cada estrategia digital. Frente a este diagnóstico, ¿cómo debemos actuar quienes ejercemos política desde una trinchera ética?
- Giro Programático (De la emoción a la propuesta): La sostenibilidad de una democracia requiere que el voto no sea un estallido emocional, sino una decisión informada. Las campañas deben migrar de la propaganda del “odio” o la “esperanza” abstracta a la difusión masiva de propuestas verificables. Iniciativas como la “Agenda Ciudadana” del PNUD, que entrega a los partidos 37 propuestas concretas surgidas del diálogo ciudadano, son el camino. El candidato que ignora esta agenda lo hace bajo su propio riesgo.
- Transparencia Radical: No puede haber más casos como el del Código Procesal Penal (CPP). La comunicación política debe ir de la mano de una gestión impecable de los recursos. El uso de la franja electoral debe ser fiscalizado en tiempo real, y los partidos deben asumir el compromiso público de que cada sol invertido en propaganda electoral tenga un correlato en la difusión de contenido programático. La sostenibilidad del sistema depende de la credibilidad de sus actores.
- Despolarización con Matices: Comunicar con ética implica rechazar la simplificación de la realidad. Significa explicar los matices de las alianzas, los pactos y las listas parlamentarias. El nuevo Congreso bicameral (130 diputados y 60 senadores) requiere un nivel de sofisticación política que las campañas de eslóganes no pueden satisfacer. El marketing político debe educar sobre el nuevo equilibrio de poderes, no solo sobre rostros.
- Reconexión con el Territorio: La sostenibilidad política se construye desde las bases. El fenómeno del voto «anti-bloque» en regiones debe ser interpretado no como una amenaza, sino como una oportunidad para que las campañas nacionales incorporen discursos descentralistas reales, no folclóricos. El marketero político debe escuchar y comunicar desde las macrorregiones, como hizo el proyecto «Tejiendo Ciudadanía», es la única forma de cerrar la brecha entre Lima y el Perú profundo.

La iniciativa «Tejiendo Ciudadanía» nos recuerda que la población demanda respuestas concretas en seguridad, lucha contra la corrupción y crecimiento económico inclusivo. El marketero político debe asegurarse de que esas respuestas lleguen de manera clara y didáctica.
Al final del día, el marketero político en el Perú de 2026 no puede despojarse de su condición de ciudadano. Su trabajo no ocurre en una burbuja aséptica, sino en un país que enfrenta una de sus crisis de representación más profundas, con millones de jóvenes que han perdido la fe en la política.
Si te apasiona entender cómo la estrategia, la ética y la comunicación transforman la realidad política y social, la carrera de Administración y Marketing de la Universidad Continental es el espacio ideal para formarte como el profesional que liderará los cambios del Perú que viene. Conoce nuestra propuesta educativa.

Iveth Lorena Mayta Aylas
Directora de la EAP de Administración y Marketing
Universidad Continental
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