Crisis de abastecimiento de gas natural en Perú

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Crisis del gas en Perú: fragilidad del sistema energético
Gasoducto de Camisea en Perú, infraestructura clave del sistema energético nacional.

La crisis del gas de 2026 no solo revela las debilidades estructurales del modelo energético peruano: dependencia de una sola fuente, centralización del consumo y falta de planificación de infraestructura.

El 1 de marzo de 2026, durante trabajos de mantenimiento rutinario, el único ducto que transporta el gas natural de Camisea hacia el resto del Perú sufrió daños que redujeron significativamente el suministro. En cuestión de horas, el incidente dejó en evidencia algo que muchos especialistas advertían desde hace años: el sistema energético peruano depende de una infraestructura demasiado concentrada.

El caso se encuentra actualmente bajo investigación del Ministerio Público por presuntos delitos de contaminación ambiental y contra la seguridad y salud en el trabajo, mientras que el Ministerio de Energía y Minas ha informado que los trabajos de reparación avanzan progresivamente. Sin embargo, más allá de las responsabilidades técnicas o legales, el episodio revela un problema mayor: la fragilidad estructural del modelo energético del país.

Este hecho puso en evidencia la fuerte dependencia energética del país respecto al gas natural de Camisea. En el Perú, aproximadamente el 40 % de la electricidad se genera utilizando gas natural proveniente de este proyecto, lo que lo convierte en un componente esencial del sistema energético nacional. Por ello, cualquier interrupción en su transporte no solo afecta a un sector específico, sino que puede desencadenar impactos económicos, industriales y sociales a escala nacional.

El proyecto que transformó la matriz energética

El proyecto Camisea constituye una de las infraestructuras energéticas más importantes desarrolladas en el Perú en las últimas décadas. Los yacimientos fueron descubiertos en 1984 por las empresas Shell y Mobil durante exploraciones en la cuenca del río Urubamba, en la Amazonía cusqueña, donde se estimaron reservas superiores a los 13 billones de pies cúbicos de gas natural.

El desarrollo del proyecto del gas de Camisea, sin embargo, se vio retrasado por el contexto económico y político de las décadas de 1980 y 1990, marcado por la crisis económica y la violencia política. Recién a inicios de la década del 2000 el Estado peruano adjudicó su explotación de gas natural al consorcio liderado por Pluspetrol.

Entre 2002 y 2004 se construyó el gasoducto que conecta los yacimientos de Cusco con la costa peruana a lo largo de aproximadamente 730 kilómetros. Con el inicio de operaciones en 2004, el gas natural modificó de manera significativa la matriz energética del país. Antes de Camisea, el Perú dependía principalmente del diésel y del petróleo para la generación eléctrica.

Posteriormente, a partir de 2010, se construyó una planta de licuefacción que permitió exportar gas natural licuado (GNL), abriendo la puerta a la comercialización del gas peruano en mercados internacionales.

Crisis del gas en Perú: fragilidad del sistema energético
Gasoducto de Camisea en Perú, infraestructura clave del sistema energético nacional.

Las regiones de donde se extrae el gas de Camisea no tienen acceso al gas natural

A pesar de su importancia estratégica, el sistema de transporte y distribución de gas natural en el Perú presenta importantes limitaciones estructurales.

En primer lugar, el sistema depende esencialmente de un único ducto que transporta el gas desde Camisea hacia la costa. Esta configuración genera una alta vulnerabilidad frente a fallas técnicas o accidentes. La crisis de 2026 lo demuestra con claridad: un solo incidente fue suficiente para afectar el suministro energético de todo el país.

En segundo lugar, la distribución del gas natural es profundamente desigual. Aunque el gasoducto atraviesa regiones como Cusco, Ayacucho, Huancavelica e Ica, muchas de estas zonas no cuentan con redes de distribución para el consumo local. En la práctica, el acceso domiciliario al gas natural se concentra principalmente en Lima y en algunas ciudades de la costa.

Esta situación genera una paradoja evidente: incluso en Cusco —la región donde se encuentran los yacimientos— numerosas comunidades no tienen acceso domiciliario a este recurso energético.

El crecimiento de la infraestructura gasífera ha sido limitado en comparación con el aumento de la demanda energética nacional, lo que genera presiones sobre el sistema existente.

Efecto en cadena

La reducción del suministro de gas natural produce un efecto en cadena en diversos sectores.

En primer lugar, el sistema eléctrico se ve directamente afectado. Dado que cerca del 40 % de la electricidad del país se genera con gas natural, cualquier interrupción obliga a las centrales termoeléctricas a utilizar combustibles más caros, como el diésel, lo que incrementa los costos de generación eléctrica.

En segundo lugar, el transporte urbano puede verse afectado, especialmente en Lima y Callao, donde miles de vehículos utilizan gas natural vehicular. Una reducción en el suministro puede generar escasez en las estaciones de servicio o aumentos en el precio del combustible.

En tercer lugar, numerosas industrias dependen del gas natural como fuente de energía para sus procesos productivos. Entre ellas se encuentran industrias metalúrgicas, manufactureras y petroquímicas. Si el suministro disminuye, estas empresas pueden enfrentar mayores costos operativos o reducciones en su producción.

Finalmente, los hogares conectados a redes de gas natural también pueden experimentar restricciones en el servicio en situaciones de crisis prolongadas.

Crisis del gas en Perú: fragilidad del sistema energético
Camisea es vital para la economía peruana por su gas natural, pero la crisis de 2026 revela su limitada infraestructura.

¿Por qué dependemos de un solo yacimiento?

Depender de uno o pocos grandes yacimientos no es algo inusual en la industria energética. Algunos países concentran gran parte de su producción en campos gigantes.

Bolivia, por ejemplo, dependió durante décadas de los campos gasíferos de San Alberto y otros yacimientos del sur del país. Qatar basa casi toda su producción en el North Field, uno de los mayores reservorios de gas del mundo. Azerbaiyán, por su parte, concentra gran parte de su producción petrolera en el complejo Azeri-Chirag-Gunashli.

Sin embargo, incluso en estos casos los países suelen desarrollar infraestructura redundante, como múltiples ductos o rutas de exportación, con el objetivo de reducir riesgos.

Otros países optan por diversificar sus fuentes de producción. Noruega cuenta con decenas de campos en el Mar del Norte, mientras que Estados Unidos produce gas en múltiples cuencas. Esta diversificación hace que el sistema sea mucho más resiliente frente a interrupciones.

El problema del Perú es distinto, porque existe una doble concentración.

Por un lado, casi todo el gas natural proviene de Camisea. Por otro, el transporte depende principalmente de un único sistema de ductos. Esta combinación genera una vulnerabilidad estructural desde el punto de vista de la seguridad energética.

¿Por qué no se construyó un segundo gasoducto?

Durante más de dos décadas se discutió la necesidad de construir una infraestructura alternativa que redujera esta dependencia. El principal intento fue el proyecto del Gasoducto Sur Peruano.

El objetivo era transportar gas desde Camisea hacia el sur del país para abastecer regiones como Cusco, Arequipa, Moquegua y Tacna, además de impulsar industrias petroquímicas y nuevas centrales eléctricas.

El proyecto contemplaba una infraestructura de más de mil kilómetros y se perfilaba como una de las mayores obras energéticas del país. Sin embargo, fue cancelado en 2017 cuando la empresa brasileña Odebrecht —líder del consorcio constructor— quedó involucrada en el escándalo internacional de corrupción de Lava Jato. Tras el retiro de la empresa, el financiamiento colapsó y el proyecto quedó paralizado.

A ello se suman otros factores estructurales: el tamaño relativamente reducido del mercado energético peruano, la fuerte centralización económica en Lima y la falta de una planificación energética de largo plazo.

Crisis del gas en Perú: fragilidad del sistema energético
La crisis del gas natural en Perú de 2026 revela daños que reducen significativamente el suministro.

Una advertencia para el futuro

La crisis de abastecimiento de gas ocurrida en 2026 demuestra que el gas natural se ha convertido en una pieza central del sistema económico peruano. Sin embargo, también revela que ese sistema se sostiene sobre una infraestructura limitada y altamente concentrada.

Durante más de veinte años el país se benefició de los menores costos energéticos que trajo Camisea, pero invirtió poco en diversificar su infraestructura. El resultado es un sistema eficiente en tiempos normales, pero frágil frente a interrupciones.

La avería de un ducto no debería poner en tensión a todo el sistema energético nacional. Cuando eso ocurre, el problema ya no es técnico: es estructural.

Y esa es, quizás, la principal lección que deja la crisis del gas de 2026.

En los últimos meses, se ha evidenciado cómo los conglomerados de boticas o de proveedores de productos de primera necesidad, han sacado provecho de la situación sanitaria y económica, ocasionada por la COVID-19 y por el ruido político. Ante esto, se sigue buscando “soluciones”. 

Deberíamos exigir a nuestras autoridades que hagan cumplir las leyes y normas vigentes de nuestra Constitución para que, la mayoría de personas, no se perjudique. Además, buscar otros proveedores, que nos puedan abastecer a precios justos.

Entender y solucionar problemas como la crisis energética del país requiere profesionales preparados. En Ingeniería Industrial de la Universidad Continental podrás desarrollar las habilidades para lograrlo.

Fuentes:

Margarita Calle Arancibia
Margarita Calle Arancibia

Economista. Maestra en Educación con mención en Docencia Superior. Participó en el curso para docentes en economía del Banco Central de Reserva del Perú. Fue supervisora de diversos proyectos del Ministerio de Educación, Producción y Foncodes. Perteneció a la Escuela de Posgrado de la PUC en el área académica de la Maestría en economía. Es docente en la Universidad Continental.

Educación que transforma

Estudia Ingeniería Industrial en la Universidad Continental y desarrolla las herramientas académicas y tecnológicas para analizar problemas y proponer soluciones que contribuyan a mejorar la calidad de vida de los peruanos.

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