Hay jóvenes que se presentan en espacios públicos de Buenos Aires con orejas de animal, se mueven como perros o gatos y han convertido el barrio chino de esa ciudad en un punto de encuentro tan frecuentado que los comerciantes del lugar tuvieron que colocar un letrero aclarando que ellos no son parte del atractivo turístico. Ese detalle, aparentemente anecdótico, resume con precisión la tensión que rodea hoy al fenómeno therian: está ocurriendo, se está expandiendo, y la mayoría de los adultos a cargo (padres, docentes, profesionales de salud) no saben exactamente cómo leerlo.
¿Qué es un therian y por qué la psicología no lo clasifica como trastorno?
Que es un therian implica comprender, antes que nada, qué no es. Un therian no es alguien que juega a disfrazarse ni un fanático de los animales. Es una persona, generalmente adolescente o adulto joven, que sostiene de forma persistente la convicción de ser, en algún nivel espiritual, psicológico o identitario, un animal no humano. Lo particular es que, en la mayoría de los casos, esta convicción coexiste con plena conciencia de la realidad, pues el therian sabe que tiene que trabajar, estudiar y funcionar en sociedad.
Esa conciencia preservada es precisamente lo que impide que el fenómeno sea tipificado como patología. Por el momento no se puede clasificar como algún trastorno de identidad, pues un trastorno de identidad como la licantropía clínica, la persona pierde contacto con la realidad y cree genuinamente que su cuerpo se transforma. Con un therian esa ruptura no existe o no existe de forma constante.

La conexión con neurodivergencia y rasgos esquizotípicos
Donde sí hay evidencia consistente es en la asociación del fenómeno therian con la neurodivergencia. Los estudios disponibles, entre ellos una revisión sistemática publicada en ScienceDirect (2025) que analizó 77 casos clínicos reportan una prevalencia significativa de rasgos autistas y esquizotípicos dentro de la comunidad therian. El autismo aparece con frecuencia: la dificultad para la interacción social propia del espectro puede convertir la identidad animal en una vía de escape a esa exigencia de socialización que resulta agotadora.
El acercamiento a un animal tiene alto beneficio en el desarrollo psicológico,l problema no es la conexión emocional con los animales, sino cuando esa conexión se convierte en el único canal de relación con el mundo. Para una persona con neurodivergencia, abrazar la identidad therian puede sentirse como un alivio, pero en términos de tratamiento representa un retroceso.
Respecto a los rasgos esquizotípicos como el pensamiento mágico, comportamiento extravagante, episodios de desconexión parcial con la realidad, es evidente que algunos therians comparten estos rasgos esquizotípicos, pero no cumplen todos los criterios diagnósticos. Es decir, hay una zona gris que exige atención clínica sin justificar etiquetas precipitadas.

¿Cuándo el fenómeno se convierte en problema real?
Hay casos reportados en los que personas identificadas como therian han agredido físicamente a transeúntes o menores durante episodios de desconexión con la realidad. En esos momentos, el fenómeno ya no se ubica en el campo identitario: requiere terapia psicológica sin demora.
Redes sociales: amplificación sin filtro
TikTok e Instagram han hecho en meses lo que habría tomado décadas sin internet: transformar un fenómeno de nicho en tendencia global. El algoritmo premia la novedad y lo disruptivo, y la comunidad therian reúne ambas condiciones. El resultado es una validación masiva que no distingue entre quienes atraviesan una exploración identitaria genuina y quienes replican un comportamiento porque está de moda.
Los influencers entran en este circuito sin los conocimientos necesarios para abordarlo con rigor. Pues se pueden crear estigmas hacia los therian y los vean como peligrosos, pues abordar estos temas de identidad sin acompañamiento profesional, sin preguntas, sin lectura del contexto, es una omisión irresponsable.
El paralelo con el cutting resulta ilustrativo. A mediados de los 2000, las autolesiones se extendieron entre adolescentes como parte de la cultura emo, en muchos casos como imitación, en otros como expresión de un dolor real. Algunos lo hicieron una vez y lo abandonaron; otros profundizaron hasta necesitar intervención. El therian sigue una lógica similar: puede ser moda pasajera o puede ser la punta de un problema más serio. La diferencia la marca el contexto, la continuidad del comportamiento y la presencia de malestar.
Señales de alerta para docentes y padres de hijos therian
Un niño de cinco años que juega a ser perro es, en circunstancias normales, solo un juego. Un adolescente de trece que repite el mismo comportamiento de forma persistente, en diferentes contextos y con creciente convicción, merece atención. La clave no está en el acto aislado, sino en la continuidad, la intensidad y lo que hay detrás.
Para los docentes, se recomienda psicoeducación preventiva con talleres que aborden el tema directamente antes de que aparezcan los casos, seguida de derivación al departamento psicopedagógico cuando se detecten señales. La intervención debe ser discreta: un interrogatorio invasivo cierra puertas, una conversación genuina las abre.
Para los padres de hijos therian, el primer paso es resistir los dos extremos: ni la permisividad total, dejar que el hijo entre a una tienda gateando sin ningún cuestionamiento, ni la reacción punitiva extrema. Ambas posturas, por vías distintas, refuerzan el comportamiento. Lo que funciona es la combinación de escucha real, preguntas sin tono de interrogatorio y, si el patrón se sostiene, terapia psicológica con un profesional que evalúe si hay problemas mentales de base.
La exposición al riesgo de ansiedad y depresión en esta comunidad therian es triple, pues la no aceptación social, la sobreexposición en redes y la vulnerabilidad emocional preexistente se potencian entre sí. A eso se suma el bullying, presencial y virtual, que puede tener como detonante incluso una imitación como broma que es filmada por un compañero y subida a las redes sociales.
¿Estamos ante una moda amplificada por el algoritmo o ante un cambio profundo en cómo los jóvenes construyen identidad? La respuesta más honesta es: ambas cosas, dependiendo del caso.
Lo que sí es transversal es la urgencia de una lectura adulta más sofisticada. El therian no es un monstruo, ni una víctima automática, ni un artista incomprendido. Es, en muchos casos, un joven que encontró en una identidad no humana una forma de hacer tolerable algo que en su vida humana no lo era. El trabajo de padres, docentes y psicólogos es entender qué es ese algo. Y para eso, la terapia psicológica, el acompañamiento informado y la psicoeducación son la única respuesta sensata.
Fenómenos como el therian son exactamente el tipo de desafío por los que la psicología contemporánea necesita profesionales preparados para asistir con rigor y sin prejuicios. Si te interesa comprender el comportamiento humano y acompañar a personas en contextos cada vez más complejos, la carrera de Psicología de la Universidad Continental te forma para hacerlo. Conoce nuestra propuesta académica.

Jonathan Carlos Aguilar Bueno
Psicólogo. Maestro en psicología educativa y psicología clínica y de la salud. Trabaja principalmente con adolescentes y adultos, con el interés en las neurociencias y programas referidos a la rama de la neuropsicología. Es docente en la Universidad Continental.
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